Los Premios Oscar se han vuelto una de las referencias más importantes en el mundo para reconocer la excelencia cinematográfica. En su edición 89 el pasado domingo 26 de febrero, fuimos testigos de uno de los errores de transmisión en vivo más grandes de la historia, cuyas consecuencias van más allá de la pena que tuvo que pasar el reparto de La La Land. 

Para entrar en contexto, expliquemos el problema. Brian Cullinan y Martha L. Ruiz de la prestigiosa consultora PricewaterhouseCoopers (PwC), eran las únicas dos personas que tenían conocimiento de los ganadores de cada categoría, pues son los encargados de hacer el conteo manual de los votos de los casi 6 mil miembros de la Academia de Artes y Ciencia Cinematográficas. De acuerdo con la logística de la ceremonia, todos los nombres de los ganadores se imprimen y se colocan en dos  sobres diferentes para ser entregados a los presentadores dependiendo del lado del escenario que salgan, entonces el sobre restante de esa categoría debe ser destruido. El penúltimo premio entregado fue para Emma Stone en la categoría de Mejor Actriz y el sobre duplicado no fue destruido, por consecuencia, cuando Warren Beatty y Faye Dunaway entraron a presentar el último premio a Mejor Película, recibieron de manos de Brian Cullinan el sobre equivocado.

Ante 43 millones de espectadores en tiempo real, el problema no sólo debía ser corregido, si no ser resuelto de la manera más profesional/tranquila/natural posible, pues el show debía continuar y hacer pasar un trago amargo al equipo de La La Land a esas alturas era inevitable. Sabemos que más tarde, PwC asumiría la responsabilidad en el problema tras un comunicado publicado en su cuenta de Twitter, pero en ese momento quienes enfrentaron el problema en vivo fueron Warren Beaty y Jimmy Kimmel, tratando de hacerlo a través de una breve y profesional explicación, mezclada con un toque de humor para bajar la tensión de las cosas pues ya habían transcurrido varios minutos desde el error.

Esta situación nos deja dos aprendizajes importantes, por un lado, en el mundo de las relaciones públicas los bomberazos son escenarios que se viven todos los días y quién cometió el error resulta lo menos importante, pues la prioridad siempre es solucionar el problema en ese momento y dar tu mejor cara ante la situación. Por otro lado, aprendemos la importancia de cuidar hasta en el más pequeño detalle; seguramente la logística del evento previno casi cualquier tipo de error (fallas en el audio, caída de alguien en el escenario, etc.), pero resultó una sorpresa totalmente inesperada la mención del ganador equivocado y la falta de prevención ante la situación dio como resultado que fueran varios minutos los que transcurrieran antes de hacer la corrección.



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